sábado, 25 de mayo de 2013

Historias I : El número de la muerte

Aun sigo llendo a la escuela, eso implica la “Gloriosa” tarea.

En la clase de lengua teníamos que hacer un pequeño cuento en la que nuestras vidas cotidianas cambien por un suceso inesperado, tarde más de dos semanas escribirlo (mi ser lento escribiendo), pero sin más preámbulos les dejo mi relato.

 

El número de la muerte

Como olvidar lo inolvidable, como deshacerme de lo inexplicable, aquel día no supe correr.

Solo una noche de rutina, llegando la medianoche consumiendo lo único que podría hacerme escapar de mi realidad: La Tele. Surcando los límites del canal 60 mi cerebro lentamente estaba en proceso de derretimiento.

Todo normal, programas educativos, Realitys con gente de mente boba y carente de pensamiento propio, etc. Llegue al supuesto abismo televisivo, el canal 80, pase al siguiente con la expectativa de comenzar devuelta la programación…

Justamente caí en un canal con el número 101, me extrañaba que haya otro canal después del 80, quizás lo agregaron mientras no me di cuenta. Bobamente empecé a ver una una película en blanco y negro, supuse que el canal transmite solo series y películas antiguas, sin más preámbulos me embarque en la “emocionante” aventura de ver la película, que por irónica que parezca llevaba este nombre:

-La muerte de Luciano.-

Nada más que eso necesitas para que me quede viendo una película, una película con mi nombre, sacando el hecho del supuesto trágico final. Al parecer es Italiana, digo, Luciano es un nombre Italiano... creo.

El televisor quedo en negro durante 30 segundos, me dije a mi mismo: “la paciencia le gana a todo” (me quede sin batería en el control remoto). Por fin empezó, aunque de un modo extraño, solo había un primer plano de la nuca de alguna persona, podía ser hombre o mujer, eso sí tenía mucho pelo y se notaba que estaba sentado en una silla, solo se alcanzaba ver el respaldo. El plano seguía igual, “el pibe de pelo de palmera ahí quieto”, sería una de esas películas “revolucionarias” para la época…

Más de 5 minutos en el mismo lugar, y pensar que puedo salir de mi cama y cambiar de canal, NO, sigo ahí. De pronto veo una sombra detrás del pibe palmera, se presenta alguien en el escenario principal, un señor de mayor edad, se puso detrás del “hombre nuca”, está observando hacia acá, como si estuviera viéndome, sonriente, pero no unas de esas sonrisas felices, sino una extraña, da miedo. La sensación de frio, ese escalofrío empezó a hacer cosquillas en mi espalda, ¿Qué estoy viendo?

Con la sola acción de ver directamente a los ojos de este sujeto, se me teñía la piel de blanco. Me imagino verla en un cine, toda la gente ahí comiendo pochoclos mirando hacia un rincón de la pantalla, porque ver esa figura provocaba paranoia al instante.

Apague la tele desesperadamente, respire muy agitado. Solo quería que esta noche terminara. Incluso me daba miedo dormir, pegar un ojo y que apareciera este extraño sujeto desde el techo y como un ninja kamikaze me apuñale más de una vez con la brutalidad de una bestia saciada de sangre llena de colesterol (lo que puede hacer subconsciente).

Cerré los ojos (varias veces), e intente viajar al “mundo de los sueños”, normalmente tengo un pequeño defecto de no acordarme los sueños; lamentablemente este si lo recuerdo...

Este sueño parecía real, tan real que el mismo piso lo podía sentir, frio y limpio (no era mi cuarto), hay mucha niebla, solo se alcanza a ver triste color blanco del ambiente.

-¿Hola? ¿Hay alguien?- Grite, no hay eco, no hay nada…

Solo camine, Vacío y perturbador el lugar en donde deambulaba. Una briza poderosa vino hacia mí, una tormenta o un huracán, este sueño es extraño ¿Estoy soñando?...

El cielo se torno como un mar de mil ojos gigantes, de diferente forma y color mirándome solamente a mí , me siento desnudo. Lo raro de los sueños es que no actúas como en la realidad, acá actué normalmente, corrí como le mejor cobarde.

Tiembla el piso, el mundo se cae, se rompe, se destruye como el vidrio que va hacia un oscuro y misterioso abismo.

Solo era cuestión de tiempo, mis piernas no son muy atléticas (años de videojuegos), y rendirme es la única opción, encerrado y sin salida, caí en el suicido… Con el cuerpo más liviano, cerré los ojos, me prepare para el final…

Ni un recuerdo paso por mi cabeza, solo pensaba que se sentía morir ¿Dará cosquillas o será insoportablemente doloroso? Abro los ojos e impacto con… la sorpresa de que aun sigo vivo, que sitio más raro me decía, cámaras, teles, mesa, tela verde… ¿Un set de filmación?

¿Dios, que liendres pasa acá?... La briza volvió a golpear mi cara y para desgracia mía, era una persona de aspecto familiar.

Sentado en una silla, con un volumen impresionante de cabello, de espalda y en una especie de estado vegetal, me encontré en vivo y en directo con el chico palmera…

Podría sonar algo gracioso mi forma de redactar en este momento, pero no todos los días caes en un set de grabación de la nada, y lo peor de todo… es que veo a alguien entrando al escenario principal, también alguien familiar y de mirada espeluznante, cabeza rapada y vestido de traje…

No es Slenderman…

Paso lo mismo que vi en la televisión, el sujeto se puso atrás de hombre nuca… movió la mueca, sonríe, y hasta me hablo:

-Así que no tienes idea de lo que pasa- comento, ¿Crees aun que todo esto es un sueño?...

Los nervios se apoderaron de mí, no pude perder el juicio y soltar una catarata de preguntas:

-¿Quién sos? ¿Qué buscas de mí? ¿Qué mierda es este lugar?...-

-Todo se responderá solo… solo es dejar paso al tiempo- a punto de soltar un risa siguió: te hare un último deseo, te diré mi nombre y el de mi amiguito sentado que supongo que será fácil de recordar…

No tenia salida, con todas las entradas cerradas, las pocas luces prendidas se fueron apagando lentamente.

-Nuestros nombres son… Luciano-.

La luz volvió, en la cama me encontraba, recuerdo hacia mucho frio y las piernas se me dormían. No había nadie en casa, incluso los muebles, las heladeras, las teles, todo había desaparecido…

Encontré ropa arriba del placar, me vestí y salí…

La calle estaba casi vacía, solo poca gente y el invierno abrazador. Pude llegar a la escuela, no había nadie que yo conociera e incluso nadie me miraba (costumbre mía). Caras nuevas, ropas nuevas ¿y desde cuando está pintada de amarillo las paredes?...

En pocas palabras estaba en bolas y no sabía qué hacer. Fui a un puesto de diario y para leer un hermoso artículo (iba directo por “Yo Matías”). El diariero ni me miro, ni saludo, como si no se percatara de mi presencia. Le hable, más y más fuerte, hasta llegar al punto de gritar a tal volumen que los sordos me escucharan. En mi estado de ira, tome el diario y leí el titular…

La sorpresa de mi vida, la amargura de miles de cosas no se comparan con esta noticia, quede blanco y me desmaye…

El titulo decía: “A 15 años de la misteriosa muerte de Luciano”

Estoy muerto…

Jamás sintonices el 101, jamás llegues, jamás escaparas.

Fin